Todavía me acuerdo de mi primer amor. Era mayor que yo, tenía el pelo negro, los ojos marrones y tenía muy mala leche. Tenía enamoradas a todas las chicas del colegio y era un malote en toda regla. Nadie le pisaba, como solía decir él. Yo tenía diez años y él doce. Era un muy buen amigo mío, nuestras madres eran amigas y nos solíamos ver a menudo. Pero nunca me atreví a decirle que me gustaba.
Un día, me dijo que se iba a Murcia. Fue el último día que le vi.
Lloré todo el verano, preguntándome porqué le había dejado ir.
Hasta entonces, me ha pasado lo mismo con todos mis amores. Acabo llorando todo el verano preguntándome porqué les dejé ir.
24 ene 2011
19 ene 2011
reflexiones etílicas
¿Qué a qué se dedica Pabla Albanecich?
Básicamente está todo el día en el portátil, en la cama de su tío, descargando sus frustaciones sexuales en relatos pornográficos y bebiendo todo el día.
Quizás me esté convirtiendo en una especie de Bukowski del siglo XXI, pero sin barriga, sin apostar en los caballos, y lo más importante, sin pene.
Aunque admito que me gustaría tener pene.
Si fuera un tío tendría una jodida polla enorme y todos me miraríais y diríais, Hostia puta, ahí está Pablo, con su pene gigante... él es tan viril.
Las tías harían cola para follarme.
"Sí, Albanecich, te queremos, tienes una polla deliciosa, gruesa y rojiza."
Tranquilas chicas, hay Pablo para todas.
Llevaría una chaqueta de cuero y un peine en el bolsillo interior, para peinarme a lo James Dean cada dos por tres y así aumentar mi virilidad y mis amantes.
Todas estarían locas por mí. Sería un rompecorazones.
"-Tía? has oído hablar de Pablo Albanecich
-Ese de la polla enorme?
-Sí, ese, es genial. Le amo.
-Me encanta su pelo y su look a lo James Dean."
En serio, joder, ¿por qué no nací con huevos?
Tengo que conformarme con tener una vagina, y unas tetas que no me sirven para nada. Y en el caso de que me sirvieran me considerarían una facilona y me tacharían de libertina.
Esto es la mierda.
Básicamente está todo el día en el portátil, en la cama de su tío, descargando sus frustaciones sexuales en relatos pornográficos y bebiendo todo el día.
Quizás me esté convirtiendo en una especie de Bukowski del siglo XXI, pero sin barriga, sin apostar en los caballos, y lo más importante, sin pene.
Aunque admito que me gustaría tener pene.
Si fuera un tío tendría una jodida polla enorme y todos me miraríais y diríais, Hostia puta, ahí está Pablo, con su pene gigante... él es tan viril.
Las tías harían cola para follarme.
"Sí, Albanecich, te queremos, tienes una polla deliciosa, gruesa y rojiza."
Tranquilas chicas, hay Pablo para todas.
Llevaría una chaqueta de cuero y un peine en el bolsillo interior, para peinarme a lo James Dean cada dos por tres y así aumentar mi virilidad y mis amantes.
Todas estarían locas por mí. Sería un rompecorazones.
"-Tía? has oído hablar de Pablo Albanecich
-Ese de la polla enorme?
-Sí, ese, es genial. Le amo.
-Me encanta su pelo y su look a lo James Dean."
En serio, joder, ¿por qué no nací con huevos?
Tengo que conformarme con tener una vagina, y unas tetas que no me sirven para nada. Y en el caso de que me sirvieran me considerarían una facilona y me tacharían de libertina.
Esto es la mierda.
7 ene 2011
the great escape
Estaba mirando mi reloj impacientemente, hasta que por fin llegó la hora. Las cinco y media. Me levanté, cogí mi mochila y fui al baño a cambiarme, no quería que me vieras con uniforme. Guardé el uniforme y doblé la mochila para meterla en mi bolso gigante, ahí estaba esperándome a la salida del baño una muy buena amiga, Laura.
-¿Cómo es? ¿es guapo? ¿tenemos tiempo para un helado?
-Hmm... es guapo, sí, y no creo que tenga tiempo para un helado.-dije colcándome el bolso mientras bajaba las escaleras.
-Pabla, cuidado.-dijiste cogiéndome del brazo, nos escondimos detrás de una columna porque ahí estaba, la profesora de teatro, y obviamente, no queríamos que nos viera, ya que nos sataríamos su clase.
-Gracias tía.-dije-Bueno, lo del helado ya veremos...
Salimos de aquel horrible edificio llamado colegio y bajamos por la calle. Nos metimos en un local y compré dos helados, uno para ella y otro para mí. Vi la hora, eran las seis menos cuarto y habíamos quedado a las seis.
-Mierda.-dije.-Llego tarde.
-Bueno, si le importas... te esperará.
-Ya pero... me dijo que no podría aguantar cinco minutos sin fumar...
-Lo bueno se hace esperar.
Seguimos caminando hasta que llegamos a la parada del autobús.
-Bueno, ahí está mi autobús.-dijo mientras tiraba el emboltorio del helado al suelo.-Hasta aquí te acompaño, que tengo que ir al médico.
-Vale, gracias, suerte.-dije mientras me despedía con la mano.
-Espero que tú también tengas suerte.
-Gracias.-dije, cuando acabé de decirlo, Laura subió el autobús y yo fui caminando rapidísimo hasta la boca de metro. Estaba realmente paranoica esa tarde, escondiéndome para que nadie viera que me saltara las clases. Abrí mi bolso, saqué el monedero y metí el euro en la máquina para recibir mi billete.
"Vale Pabla, esto no está bien, pero lo haces por divertirte. Recuerda, solo divertirte" pensé mientras caminaba para coger el metro. Finalmente, el metro llegó, subí y me senté en un asiento mientras jugueteaba con el ipod.
"Próxima estación: Principe de Vergara. Correspondencia con línea 9."
"Es la mía" pensé mientras me ponía de pie. El metro paró y bajé, hice el transbordo y me volví a sentar en el metro.
Miré la hora.
Eran las 6 en punto, ya llegaba tarde.
En ese momento, sonaba una canción que me gustaba muchísimo, Reckless, de Crystal Castles.
"Próxima estación: Pavones."
"Vale, ya estamos aquí, no hay marcha atrás. No voy a ponerme las gafas... ¿y si no le reconzco? mejor me las pongo. Bueno, no, no me las pongo. Cuando le vea sabré que es él." pensé. El metro paró y bajé del carro. Miré a mi alrededor, y entre la multitud logré diferenciarte, eras el único que no se había puesto de pie para coger el metro, era lógico que fueras tú.
Llevabas una camiseta a rayas blancas y azules, y unos pantalones vaqueros.
En ese momento el corazón me iba a mil y tenía la piel de gallina, estaba haciendo algo que estaba mal y lo sabía.
-Hola.-dijiste levantándote de aquel banco de metro.
-Hola.-respondí siguiéndote. Salimos de la boca del metro y empezaste a hablar, a hablar de tus vecinos gitanos, que si lavaban el coche, que si algo de un zumo y de un niño, blah blah blah.
-¿Quieres un cigarrillo?
-Claro que sí.-cogí uno y me lo puse en la boca. Me lo encendiste.
Dimos unas vueltas muy extrañas y llegamos a lo que parecía ser tu casa. Abriste la puerta y subimos y subimos escaleras. Era un quinto, o algo así. Me ofreciste un vaso de agua, y acepté, abriste el frigorífico y de una botella de coca-cola me serviste agua. Me lo bebí de un trago. Luego me señalaste el lavaplatos. Me contaste la historia de porqué estaba roto. Algo de un café y pollas en vinagre. Hice como si te escuchara y me llevaste al salón.
-¿Dejo aquí las cosas?-te pregunté. Asentiste y dejé ahí el bolso. Me enseñaste tu colección de discos.
-Este, es un regalo.-dijiste mientras me enseñabas Never mind the bollocks.-Mira esto.-dijiste sacando un disco-Es la edición americana.-me lo pusiste a unos tres centímetros de mi cara.-Sabes cuál es, ¿verdad?
Asentí.
-Es Is this it, de los Strokes, la otra versión tiene un culo.
-Ya lo sé.-dije, yo no quería hablar, solo quería echar un polvo ya. Me señalaste un tocadiscos y me explicaste la historia, y blah blah. Cogiste The great scape de Blur y lo pusiste. Empezó a sonar Stereotypes.-Bueno, ¿dónde está tu habitación?
-Ahí.-dijiste señalándola, me di la vuelta para ir, pero me paraste. Me abrazaste por detrás, me apartaste el pelo y empezaste a besarme el cuello. Con tus manos recorrías cada centímetro de mi cuerpo.
-Vamos.-dije mientras me mordía el labio. Me besaste otra vez y practicamente empujándome llegamos a tu habitación.
-Mira, tu novio.-dijiste señalando una foto de Julian Casablancas que tenías pegada en la pared.
-Yo también tengo esa puta foto.-dije mientras me movía de un lugar a otro sentada sobre ti. Me diste la vuelta y quedaste encima de mí. Empezaste a besarme y me quitaste la camiseta. Te quitaste la camiseta. Seguiste besándome y me quitaste el pantalón. Yo misma me quité los zapatos y las medias. No paraste de besarme en ningún momento y con la mano derecha me desabrochaste el sujetador. Me lo sacaste de un tirón. Seguimos besándonos. Empezaste a lamerme los pechos. Yo comenzaba a gemir, mientras de fondo estaba empezando a sonar Country House. Sonreí porque me encantaba esa canción. En un momento me sacaste las bragas y empezaste a comérmelo. Yo estaba viendo a los putos dioses. Te paraste, me miraste y me dijiste:
-Ahora te toca a ti.
Te desabrochaste el pantalón y ¡ta-dam! no llevabas calzoncillos.
-Vaya...-dije riéndome. Las risas no duraron más de tres segundos, porque me lancé como una puta condenada a chupártela. Cuando ya estábamos calientes, te terminaste de quitar los pantalones y los zapatos, unos botines, si no recuerdo mal. Te pusiste sobre mí, te pusiste el condón, y me la metiste.
Yo gemí, y mientras, cantaba en bajito "she lives in a houuuseee, in a very big house in the countryyyy".
Estuviste dándome un buen rato. La canción acabó. Empezó Best Days, no me gustaba demasiado.
-¿Cambiamos de posición?
-Vale
Me puse a cuatro patas y fuiste un bestia conmigo. No podía parar de gemir, y cuando me di cuenta, la canción había acabado y estaba empezando Charmless man.
-Me encanta esta canción.-dije entre gemidos. No oíste porque estabas demasiado concentrado dándole al tema. Yo en mi cabeza cantaba "Na na na na na na naaa".
-¿Cambiamos?
-Vale.-dijiste sudando. Me puse encima mientras te abrazaba y te besaba. No me había dado cuenta, estaba sonando The Universal. No me gustaba mucho esa canción.
-¿Cambiamos?
Simplemente asentiste, estabas sudado y tenías cara de cansancio. Te volviste a poner encima. Estuviste uno o dos minutos dándome, y yo ya estaba a punto.
-Deja ponerme encima.
Me puse encima, y empezó a sonar Mr Robinson's Quango. Estuve un buen tiempo dándole, moviéndome en círculos, me gustaba más que ir arriba de abajo. Estuve un buen tiempo, ya habían pasado varias canciones, ahora sonaba It could be you.
-Mierda puta, voy a correrme.-dijiste agarrándome fuerte de las caderas.
-Yo también.-dije yendo rápido, te abracé y te besé el cuello. Te mordí el cuello y me aferré a tu espalda, llegando incluso a arañarte. Acabaste y yo acabé. Estaba tan exhausta que me acosté a tu lado, apoyando mi cabeza en tu pecho. Me empezaste a contar tus historias, y yo asentí a todo lo que decías.
-Joder, desde que te pusiste encima quería correrme, pero me aguanté hasta que pude. Me encanta que te muevas en círculos.
-Ya... a mí me gusta más.
Hubo un silencio. Sonaba Globe Alone.
-Tienes buenas tetas, ¿eh?-dijiste rompiendo el silencio.
-Tú también.
-Yo no tengo tetas.
-Sí que tienes.-dije tocando tu pecho. Te levantaste y te sacaste el condón.
-¿Sabes qué hacer cuando terminas de echar un polvo y hay silencios incómodos? Para alegrarte, y tal.
-No.
Cogiste el condón y fuiste al baño. Llegaste con el condón lleno de agua.
-Joder, eso es viejo, también lo hacía mi ex.
-Sí, ya, ¿pero a qué tu ex no hacía esto?
Ataste el condón, abriste la ventana y lo lanzaste.
-Hostia puta, qué has hecho.
-Creo que le he dado a alguien.
Empecé a vestirme, tú también. Apagaste la música. Miré el reloj, eran las siete y cuarto, debía estar en casa a las siete.
-Joder, llego tarde.-dije vistiéndome a toda leche.-Tenía que estar en casa a las siete.
-Bah, no importa.-dijiste mientras terminabas de vestirte.
-¿Me acompañas? no sé dónde coño estoy.
-Claro.-dijiste. Sacaste la cajetilla de cigarrillos del bolsillo de tu camiseta y quedaban solo dos.
-Uno para mí. Otro para ti.-dije estirando la mano para que me dieras uno. Me diste uno y me lo encendiste.
-Toma esta mierda.-dijiste dándome la cajetilla, la hice una pelota y la lancé por ahí.-Oye, ¿y si nos ve tu madre?
-No me jodas...
-Hostia puta, diría algo así como: Sí, mi hija se está follando al cantante de los caraculos, ese, que está tan bueno.
-Tienes los humos muy subidos, ¿eh?
Entramos al metro.
-Acompáñame.-dije.
-Joder, solo me quedan dos viajes en el metrobus, ¿cómo voy mañana a clase?
-Me importa una mierda. Acompáñame.
Viniste conmigo y esperamos el metro. Llegó y nos montamos en él. Te miraste en el reflejo del cristal y empezaste a peinarte. Luego me contaste más historias, algo de una puta, y de seguir a alguien, y de su madre, y de los caraculos. Yo hice como que te prestaba atención.
"Próxima estación: Príncipe de Vergara. Correspondencia con línea 2."
-Vamos.
Me levanté y te levantaste. Nos bajamos del metro, subimos las escaleras mecánicas para el transbordo y unos guardias nos pidieron los billetes.
-Te acompaño hasta aquí, ¿eh?
-Anda, no me jodas. Si llega el metro ahora me voy. Si no, me acompañas.
No hice nada más que acabar la frase y el metro llegó.
-Tienes suerte, hijoputa.
Dije cogiendo el metro. Me puse los cascos, encendí el ipod y me senté.
-¿Cómo es? ¿es guapo? ¿tenemos tiempo para un helado?
-Hmm... es guapo, sí, y no creo que tenga tiempo para un helado.-dije colcándome el bolso mientras bajaba las escaleras.
-Pabla, cuidado.-dijiste cogiéndome del brazo, nos escondimos detrás de una columna porque ahí estaba, la profesora de teatro, y obviamente, no queríamos que nos viera, ya que nos sataríamos su clase.
-Gracias tía.-dije-Bueno, lo del helado ya veremos...
Salimos de aquel horrible edificio llamado colegio y bajamos por la calle. Nos metimos en un local y compré dos helados, uno para ella y otro para mí. Vi la hora, eran las seis menos cuarto y habíamos quedado a las seis.
-Mierda.-dije.-Llego tarde.
-Bueno, si le importas... te esperará.
-Ya pero... me dijo que no podría aguantar cinco minutos sin fumar...
-Lo bueno se hace esperar.
Seguimos caminando hasta que llegamos a la parada del autobús.
-Bueno, ahí está mi autobús.-dijo mientras tiraba el emboltorio del helado al suelo.-Hasta aquí te acompaño, que tengo que ir al médico.
-Vale, gracias, suerte.-dije mientras me despedía con la mano.
-Espero que tú también tengas suerte.
-Gracias.-dije, cuando acabé de decirlo, Laura subió el autobús y yo fui caminando rapidísimo hasta la boca de metro. Estaba realmente paranoica esa tarde, escondiéndome para que nadie viera que me saltara las clases. Abrí mi bolso, saqué el monedero y metí el euro en la máquina para recibir mi billete.
"Vale Pabla, esto no está bien, pero lo haces por divertirte. Recuerda, solo divertirte" pensé mientras caminaba para coger el metro. Finalmente, el metro llegó, subí y me senté en un asiento mientras jugueteaba con el ipod.
"Próxima estación: Principe de Vergara. Correspondencia con línea 9."
"Es la mía" pensé mientras me ponía de pie. El metro paró y bajé, hice el transbordo y me volví a sentar en el metro.
Miré la hora.
Eran las 6 en punto, ya llegaba tarde.
En ese momento, sonaba una canción que me gustaba muchísimo, Reckless, de Crystal Castles.
"Próxima estación: Pavones."
"Vale, ya estamos aquí, no hay marcha atrás. No voy a ponerme las gafas... ¿y si no le reconzco? mejor me las pongo. Bueno, no, no me las pongo. Cuando le vea sabré que es él." pensé. El metro paró y bajé del carro. Miré a mi alrededor, y entre la multitud logré diferenciarte, eras el único que no se había puesto de pie para coger el metro, era lógico que fueras tú.
Llevabas una camiseta a rayas blancas y azules, y unos pantalones vaqueros.
En ese momento el corazón me iba a mil y tenía la piel de gallina, estaba haciendo algo que estaba mal y lo sabía.
-Hola.-dijiste levantándote de aquel banco de metro.
-Hola.-respondí siguiéndote. Salimos de la boca del metro y empezaste a hablar, a hablar de tus vecinos gitanos, que si lavaban el coche, que si algo de un zumo y de un niño, blah blah blah.
-¿Quieres un cigarrillo?
-Claro que sí.-cogí uno y me lo puse en la boca. Me lo encendiste.
Dimos unas vueltas muy extrañas y llegamos a lo que parecía ser tu casa. Abriste la puerta y subimos y subimos escaleras. Era un quinto, o algo así. Me ofreciste un vaso de agua, y acepté, abriste el frigorífico y de una botella de coca-cola me serviste agua. Me lo bebí de un trago. Luego me señalaste el lavaplatos. Me contaste la historia de porqué estaba roto. Algo de un café y pollas en vinagre. Hice como si te escuchara y me llevaste al salón.
-¿Dejo aquí las cosas?-te pregunté. Asentiste y dejé ahí el bolso. Me enseñaste tu colección de discos.
-Este, es un regalo.-dijiste mientras me enseñabas Never mind the bollocks.-Mira esto.-dijiste sacando un disco-Es la edición americana.-me lo pusiste a unos tres centímetros de mi cara.-Sabes cuál es, ¿verdad?
Asentí.
-Es Is this it, de los Strokes, la otra versión tiene un culo.
-Ya lo sé.-dije, yo no quería hablar, solo quería echar un polvo ya. Me señalaste un tocadiscos y me explicaste la historia, y blah blah. Cogiste The great scape de Blur y lo pusiste. Empezó a sonar Stereotypes.-Bueno, ¿dónde está tu habitación?
-Ahí.-dijiste señalándola, me di la vuelta para ir, pero me paraste. Me abrazaste por detrás, me apartaste el pelo y empezaste a besarme el cuello. Con tus manos recorrías cada centímetro de mi cuerpo.
-Vamos.-dije mientras me mordía el labio. Me besaste otra vez y practicamente empujándome llegamos a tu habitación.
-Mira, tu novio.-dijiste señalando una foto de Julian Casablancas que tenías pegada en la pared.
-Yo también tengo esa puta foto.-dije mientras me movía de un lugar a otro sentada sobre ti. Me diste la vuelta y quedaste encima de mí. Empezaste a besarme y me quitaste la camiseta. Te quitaste la camiseta. Seguiste besándome y me quitaste el pantalón. Yo misma me quité los zapatos y las medias. No paraste de besarme en ningún momento y con la mano derecha me desabrochaste el sujetador. Me lo sacaste de un tirón. Seguimos besándonos. Empezaste a lamerme los pechos. Yo comenzaba a gemir, mientras de fondo estaba empezando a sonar Country House. Sonreí porque me encantaba esa canción. En un momento me sacaste las bragas y empezaste a comérmelo. Yo estaba viendo a los putos dioses. Te paraste, me miraste y me dijiste:
-Ahora te toca a ti.
Te desabrochaste el pantalón y ¡ta-dam! no llevabas calzoncillos.
-Vaya...-dije riéndome. Las risas no duraron más de tres segundos, porque me lancé como una puta condenada a chupártela. Cuando ya estábamos calientes, te terminaste de quitar los pantalones y los zapatos, unos botines, si no recuerdo mal. Te pusiste sobre mí, te pusiste el condón, y me la metiste.
Yo gemí, y mientras, cantaba en bajito "she lives in a houuuseee, in a very big house in the countryyyy".
Estuviste dándome un buen rato. La canción acabó. Empezó Best Days, no me gustaba demasiado.
-¿Cambiamos de posición?
-Vale
Me puse a cuatro patas y fuiste un bestia conmigo. No podía parar de gemir, y cuando me di cuenta, la canción había acabado y estaba empezando Charmless man.
-Me encanta esta canción.-dije entre gemidos. No oíste porque estabas demasiado concentrado dándole al tema. Yo en mi cabeza cantaba "Na na na na na na naaa".
-¿Cambiamos?
-Vale.-dijiste sudando. Me puse encima mientras te abrazaba y te besaba. No me había dado cuenta, estaba sonando The Universal. No me gustaba mucho esa canción.
-¿Cambiamos?
Simplemente asentiste, estabas sudado y tenías cara de cansancio. Te volviste a poner encima. Estuviste uno o dos minutos dándome, y yo ya estaba a punto.
-Deja ponerme encima.
Me puse encima, y empezó a sonar Mr Robinson's Quango. Estuve un buen tiempo dándole, moviéndome en círculos, me gustaba más que ir arriba de abajo. Estuve un buen tiempo, ya habían pasado varias canciones, ahora sonaba It could be you.
-Mierda puta, voy a correrme.-dijiste agarrándome fuerte de las caderas.
-Yo también.-dije yendo rápido, te abracé y te besé el cuello. Te mordí el cuello y me aferré a tu espalda, llegando incluso a arañarte. Acabaste y yo acabé. Estaba tan exhausta que me acosté a tu lado, apoyando mi cabeza en tu pecho. Me empezaste a contar tus historias, y yo asentí a todo lo que decías.
-Joder, desde que te pusiste encima quería correrme, pero me aguanté hasta que pude. Me encanta que te muevas en círculos.
-Ya... a mí me gusta más.
Hubo un silencio. Sonaba Globe Alone.
-Tienes buenas tetas, ¿eh?-dijiste rompiendo el silencio.
-Tú también.
-Yo no tengo tetas.
-Sí que tienes.-dije tocando tu pecho. Te levantaste y te sacaste el condón.
-¿Sabes qué hacer cuando terminas de echar un polvo y hay silencios incómodos? Para alegrarte, y tal.
-No.
Cogiste el condón y fuiste al baño. Llegaste con el condón lleno de agua.
-Joder, eso es viejo, también lo hacía mi ex.
-Sí, ya, ¿pero a qué tu ex no hacía esto?
Ataste el condón, abriste la ventana y lo lanzaste.
-Hostia puta, qué has hecho.
-Creo que le he dado a alguien.
Empecé a vestirme, tú también. Apagaste la música. Miré el reloj, eran las siete y cuarto, debía estar en casa a las siete.
-Joder, llego tarde.-dije vistiéndome a toda leche.-Tenía que estar en casa a las siete.
-Bah, no importa.-dijiste mientras terminabas de vestirte.
-¿Me acompañas? no sé dónde coño estoy.
-Claro.-dijiste. Sacaste la cajetilla de cigarrillos del bolsillo de tu camiseta y quedaban solo dos.
-Uno para mí. Otro para ti.-dije estirando la mano para que me dieras uno. Me diste uno y me lo encendiste.
-Toma esta mierda.-dijiste dándome la cajetilla, la hice una pelota y la lancé por ahí.-Oye, ¿y si nos ve tu madre?
-No me jodas...
-Hostia puta, diría algo así como: Sí, mi hija se está follando al cantante de los caraculos, ese, que está tan bueno.
-Tienes los humos muy subidos, ¿eh?
Entramos al metro.
-Acompáñame.-dije.
-Joder, solo me quedan dos viajes en el metrobus, ¿cómo voy mañana a clase?
-Me importa una mierda. Acompáñame.
Viniste conmigo y esperamos el metro. Llegó y nos montamos en él. Te miraste en el reflejo del cristal y empezaste a peinarte. Luego me contaste más historias, algo de una puta, y de seguir a alguien, y de su madre, y de los caraculos. Yo hice como que te prestaba atención.
"Próxima estación: Príncipe de Vergara. Correspondencia con línea 2."
-Vamos.
Me levanté y te levantaste. Nos bajamos del metro, subimos las escaleras mecánicas para el transbordo y unos guardias nos pidieron los billetes.
-Te acompaño hasta aquí, ¿eh?
-Anda, no me jodas. Si llega el metro ahora me voy. Si no, me acompañas.
No hice nada más que acabar la frase y el metro llegó.
-Tienes suerte, hijoputa.
Dije cogiendo el metro. Me puse los cascos, encendí el ipod y me senté.
desde entonces, soy una chica mala.
4 ene 2011
L.
Llevo intentando dedicarte una entrada desde la existencia de este blog, simplemente no se me ocurren palabras, solo hechos, cosas que hicimos juntas; combinar los calcetines con el bolso, ir a conciertos y gritar que seríamos Kafka y Bukowski del siglo XXI, emborracharnos con un suspiro y poner de excusa que somos bajitas, ver Bob Esponja en mi casa, Jaggerbombs en mi despedida...
Te adoro, Laura. No te olvides de lo que te dije en el aeropuerto.
Yo soy como Terminator, volveré.
Te adoro, Laura. No te olvides de lo que te dije en el aeropuerto.
Yo soy como Terminator, volveré.
3 ene 2011
demencia
Las bolsas de mis ojos delataban que había estado llorando probablemente todo el día. Te acercaste a mí.
-¿Estás bien?
-Sinceramente... no. Quiero volver a Madrid, quiero a mis amigos, quiero todo.-respondí dándole una calada a mi cigarrillo. Aquel día me levanté con un humor de perros y solo quería desaparecer. Íbamos en masa a la gran fiesta, quizás seríamos unas 40 personas andando por la carretera. Te acercaste a mí. Llevábamos horas hablando y me pareciste una chica muy simpática. No nos decíamos nada, pero no era un silencio incómodo, se notaba la química en el lugar. Finalmente, llegamos, ahí estábamos, en frente de aquella casa que tenía una garrafa de vino por buzón. No había nadie. Esperamos todos sentados en la acera, hasta que llegó la dueña. Nos abrió la puerta e invadimos la casa, pero preferimos quedarnos en el patio. En un momento sacaste de tu mochila un whiskey de doce años, tenía la pinta de ser bastante caro.
-¿Quieres?-me preguntaste mientras lo abrías.
-Claro que sí, a ver si me animo.
Al primer trago puse cara ácida, y al segundo me fui adaptando al sabor. Empezamos a jugar y a beber, hasta que vi que de tu bolsillo sacaste unas pastillas.
-¿Quieres?-me preguntaste nuevamente
-¿Qué coño es eso?
-Son antidepresivos, si te tomas uno con alcohol, te sube más. Si te tomas dos... te puede dar un chungo.-sacó uno y lo puso en mi mano. Me planteé la opción de tomarlo o no. En aquel momento me importaba un carajo si me daba algo. Me lo metí en la boca y tragué un poco de whiskey para pasarlo mejor.
Desde ahí solo tengo recuerdos sueltos.
A lo mejor seré una drogodependiente, pero estoy feliz, como una perdiz en Madriz.
-¿Estás bien?
-Sinceramente... no. Quiero volver a Madrid, quiero a mis amigos, quiero todo.-respondí dándole una calada a mi cigarrillo. Aquel día me levanté con un humor de perros y solo quería desaparecer. Íbamos en masa a la gran fiesta, quizás seríamos unas 40 personas andando por la carretera. Te acercaste a mí. Llevábamos horas hablando y me pareciste una chica muy simpática. No nos decíamos nada, pero no era un silencio incómodo, se notaba la química en el lugar. Finalmente, llegamos, ahí estábamos, en frente de aquella casa que tenía una garrafa de vino por buzón. No había nadie. Esperamos todos sentados en la acera, hasta que llegó la dueña. Nos abrió la puerta e invadimos la casa, pero preferimos quedarnos en el patio. En un momento sacaste de tu mochila un whiskey de doce años, tenía la pinta de ser bastante caro.
-¿Quieres?-me preguntaste mientras lo abrías.
-Claro que sí, a ver si me animo.
Al primer trago puse cara ácida, y al segundo me fui adaptando al sabor. Empezamos a jugar y a beber, hasta que vi que de tu bolsillo sacaste unas pastillas.
-¿Quieres?-me preguntaste nuevamente
-¿Qué coño es eso?
-Son antidepresivos, si te tomas uno con alcohol, te sube más. Si te tomas dos... te puede dar un chungo.-sacó uno y lo puso en mi mano. Me planteé la opción de tomarlo o no. En aquel momento me importaba un carajo si me daba algo. Me lo metí en la boca y tragué un poco de whiskey para pasarlo mejor.
Desde ahí solo tengo recuerdos sueltos.
A lo mejor seré una drogodependiente, pero estoy feliz, como una perdiz en Madriz.
bizarre love triangle
-Yo no suelo hacer estas cosas-decías mientras jugueteabas con la hierba entre tus dedos. Con una mirada me invitaste a sentarme contigo en tu tabla, y así lo hice. Me abrazaste.
-¿Qué piensas hacer?-pregunté nerviosa, mirando al suelo. No me respondiste, simplemente me besaste.
-No deberíamos hacer esto...
Te levantaste, y yo te seguí. Fuimos caminando durante unos instantes ignorando lo que había ocurrido. Paraste. Me paré. Una mirada fugaz y sin darme cuenta me volviste a besar otra vez.
-¿A qué te dedicas, Pabla?
-A cavar mi propia tumba
2 ene 2011
Otra vez
Tampoco era tan dificil. Aquí estoy, de nuevo.
Año nuevo, vida nueva, pero espero que en mi caso sea vieja.
Año nuevo, vida nueva, pero espero que en mi caso sea vieja.
Llévame a Madrid, 2011
16 dic 2010
Cosas imposibles...
-Oye que es cierto lo que digo, ¿eh? es tan cierto como que cada vez que pienso en ti tengo mariposas en el estómago.-dijo tomando un gran respiro. Ella le miró descompuesta.-Sí, es cierto. Aún siento cosas por ti. Recuerdo aquella tarde como si fuera ayer... Sí, aquella tarde de nuestras vidas, quedamos inocentemente para intercambiar música pero acabamos haciendo el amor. Esa fue mi primera vez.-dijo.-Y fue la mejor de mi vida. Con la persona adecuada, en el momento adecuado y en el lugar adecuado.-añadió.-Quizás yo en mi vida haya sido un hijo de puta, pero no me arrepiento de nada...-dijo exhalando el humo de su cigarillo.-Salvo... no haber hecho algo en el momento adecuado.-dijo poniéndose de pie. Fue a la cubierta a por la botella de Jägermeister. La abrió y pegó un buen trago. Se sentó junto a ella nuevamente. La miró a los ojos.-Te amo.-dijo. Era la primera vez en su vida que decía esas palabras.-Perdóname. Perdóname por haberte hecho daño en algún momento. Perdóname porque mi propio orgullo superó mi amor hacia ti.-dijo mirando al suelo arrepentido. Sabía que esas palabras ahora no servían de nada. Pero más vale tarde que nunca.-Y antes de que me digas cualquier cosa, sé que ahora estás con alguien, y que es mil veces mejor que yo. Sé todo eso. Diciéndote esto no pretendo que vuelvas conmigo ni nada por el estilo... Solo quiero que sepas la verdad. Que cuando te decía que no creía en las relaciones ni en la fidelidad en realidad me moría de celos por dentro, pero me gustaba hacerme el duro, aunque no me trajo más que problemas. Me gustaría viajar en el tiempo y haber sido un buen chico. Me doy cuenta ahora, cuando ya la he cagado. Cuando es demasiado tarde y tú eres prácticamente inalcanzable...-dijo. Ella le miraba estupefacta, puesto que él siempre había sido excesivamente cerrado con sus sentimientos.
Él no le había dicho a nadie nunca jamás las cosas que él sentía hacia una persona. Ni tan siquiera a su propia hermana. Era la primera vez que abría su corazón a alguien. Quizás era el alcohol, la situación... fuere lo que fuere, estaba abriéndose ante ella.-¿Sabes? Cuando te marchaste por última vez, yo no fui a despedirme porque no me atreví, no porque no te quería... En realidad, después, cuando ya te habías ido, cogí el primer vuelo a cualquier lugar, completamente aleatorio... recuerdo que fue Praga. Y estuve allí dos semanas, drogándome hasta casi morir de sobredosis, y... llorando todas las noches. Sí. Sé que los hombres no deben llorar, pero yo lo hice por ti. Estuve dos semanas desaparecido. Nadie sabía nada de mí. Me daban por muerto. Y yo estaba muerto, pero por dentro... He estado en coma emocionalmente desde que te marchaste... y acabo de salir hoy, al volver a contemplar tus ojos de mar... Sé que no eres humana. En realidad, no sé si eres una diosa por tu belleza divina, o un demonio que embruja con sus ojos cristalinos a todo hombre que cruce su mirada con la tuya. Me has embrujado. No sé cómo, pero aquí me tienes, lobotomizado y muriendo por tus labios de cereza.-dijo mientras la miraba fijamente.-Me tienes... a mí y a quién quieras.-dijo dándole un trago a la botella.-En parte vine a Nueva York porque sabía que estabas viviendo aquí... Ni siquiera te busqué. Es el destino. Llevo años soñando con decirte estas cosas...-dijo. El sol estaba comenzando a salir y los dos se callaron durante unos instantes para contemplar la salida del sol. La sensación de ser la única pareja que estaba contemplándolo desde alta mar, era como si el sol saliera solo para ellos... para alegrar sus corazones.-¿Sabes? Tú eres mi sol, mi amanecer... Porque cuando tú no estabas, todo era oscuro, y no podía distinguir nada, ni siquiera lo bueno de lo malo... Pero llegaste tú, y le diste luz a mi vida, y todo fue para bien. Y te volviste a marchar y todo volvió a ser oscuro... Intenté sustituirte con la Luna, pero no me alumbraba lo suficiente como tú... Todo seguía igual de oscuro... Hasta que ahora, después de la noche eterna que han sido estos años, has vuelto a aparecer, y has vuelto a alumbrarme. Pero sé que te irás. Y ahora sé porqué. Porque tú también tienes que alumbrar a otros. Ellos también te necesitan. Al igual que yo a ti, pero me sirve de consuelo, que en algún momento dejarás de alumbrarles para volver a hacerlo conmigo...-susurró a su oído.
Hubo un incómodo silencio durante un par de minutos...
A veces las personas necesitamos que nos digan cosas bonitas. Aunque cueste admitirlo, no somos autosuficientes. Dependemos demasiado de las personas, de nuestros sentimientos... somos débiles. No podemos estar solos, eso nos lleva a la locura... y cada vez me estoy acercando más y más...
Ahora mismo, no sé qué hacer. Siento que siento algo por alguien pero no sé si es algo.
No quiero irrumpir en tu vida y destrozarla por un simple capricho.
Tengo miedo. Estoy sola. Completamente sola. Te necesito en este momento, aquí, conmigo. Sentados los dos en una escalera, tú como siempre, risueño, y yo como siempre, preocupada... preocupada por temas banales que a ti te resbalaban.
Necesito contarte todas estas cosas para que te rías de mí y me digas que estoy loca y que pienso demasiado en estas cosas.
Necesito que estés aquí para que me lleves al centro en tu coche y hagamos cosas imposibles.
Te necesito... o no...
No sé si es un capricho o es real.
Solo sé que quiero volver a Madrid.
Summertime!
4 nov 2010
Tú
4 de nov, 2010
El otro día te encontré entre mis recuerdos, y decidí que te rescataría y no te volvería a perder. Estoy embarcándome a un universo paralelo donde suenan canciones tristes y tú y yo aún estamos juntos. Corremos por la playa descalzos, entre nuestros dedos se esconde la arena. Finalmente, nos sentamos a contemplar el mar. Ojalá el mundo se parara en este momento en el que nuestros labios se funden.
Mis dedos se enredan entre tus cabellos de trigo.
Mi boca busca la tuya.
Me pierdo en ti.
Hoy te amo como nunca lo hice. Hoy me doy cuenta de lo que eres para mí. Hoy, me doy cuenta de que tú eres el amor de mi vida.
Hoy quiero dormir contigo.
Hoy quiero que vivas en mí.
Hoy quiero que seas mi sol y mi luna.
Mi día y mi noche.
Te busco entre mis sueños.
Te busco en mi corazón.
Te busco en mí.
Porque sé que en algún momento estuviste aquí, y sé que queda algo tuyo en mí.
Porque sé que ese universo paralelo, existe.
En el fondo de mi corazón.
Y es posible que también exista en el tuyo. Lo sé. Me lo ha dicho la noche y sus estrellas, me han contado tus secretos.
Me lo dijieron cuando estaba asustada, cuando pensé que jamás volvería a verte.
Pero ahora, estoy segura, confío en lo que me han dicho.
Sé que hoy no, pero algún día, tú y yo nos juntaremos y no nos volveremos a separar jamás.
Porque en algún momento de nuestras vidas nuestras almas llegaron a ser una sola, y es imposible separarlas.
Porque aunque nuestros cuerpos no están en el mismo lugar, nuestros corazones sí lo están.
El otro día te encontré entre mis recuerdos, y decidí que te rescataría y no te volvería a perder. Estoy embarcándome a un universo paralelo donde suenan canciones tristes y tú y yo aún estamos juntos. Corremos por la playa descalzos, entre nuestros dedos se esconde la arena. Finalmente, nos sentamos a contemplar el mar. Ojalá el mundo se parara en este momento en el que nuestros labios se funden.
Mis dedos se enredan entre tus cabellos de trigo.
Mi boca busca la tuya.
Me pierdo en ti.
Hoy te amo como nunca lo hice. Hoy me doy cuenta de lo que eres para mí. Hoy, me doy cuenta de que tú eres el amor de mi vida.
Hoy quiero dormir contigo.
Hoy quiero que vivas en mí.
Hoy quiero que seas mi sol y mi luna.
Mi día y mi noche.
Te busco entre mis sueños.
Te busco en mi corazón.
Te busco en mí.
Porque sé que en algún momento estuviste aquí, y sé que queda algo tuyo en mí.
Porque sé que ese universo paralelo, existe.
En el fondo de mi corazón.
Y es posible que también exista en el tuyo. Lo sé. Me lo ha dicho la noche y sus estrellas, me han contado tus secretos.
Me lo dijieron cuando estaba asustada, cuando pensé que jamás volvería a verte.
Pero ahora, estoy segura, confío en lo que me han dicho.
Sé que hoy no, pero algún día, tú y yo nos juntaremos y no nos volveremos a separar jamás.
Porque en algún momento de nuestras vidas nuestras almas llegaron a ser una sola, y es imposible separarlas.
Porque aunque nuestros cuerpos no están en el mismo lugar, nuestros corazones sí lo están.
29 oct 2010
27 oct 2010
¿Amor verdadero o amor platónico?
27 de Oct, 2010
Suena estúpido y es un clásico: darse cuenta de lo enamorado que estás cuando hay un océano de distancia. LITERALMENTE.
Sí joder, somos gilipollas.
Con lo fácil que hubiera sido decir te quiero antes de marcharme; pero ahora tengo que conformarme con dedicarte canciones que tú haces como que no ves pero sí, ahí están. Y sí, son para ti.
Quizás tú estés haciendo lo mismo pero no me doy cuenta.
Joder es imposible que no me quieras.
Pasaste todas mis pruebas, ¿sabes?
Hice que madrugaras, te dejé plantado, llegué mil horas tarde...
Además, eres el chico perfecto para mí. Aquel quién nadie quiere.
Es patético y típico en mí.
Amores esteriotipados.
Amores platónicos.
Amores lejanos.
En realidad ni siquiera sé si es amor porque no te tengo delante.
Porque cuando te veo no me tiemblan las rodillas porque básicamente no te veo.
Me gustaría verte y decirte todas estas cosas y darte un gran beso y hacerte el amor en condiciones.
Estos días de soledad parecen más solos sin tu risa inundando mi oído.
La espera merecerá la pena.
O eso espero.
Quiero que sepa sin embargo que todas las noches que he dormido a su lado, incluso las discusiones más inútiles, siempre fueron algo espléndido y esas difíciles palabras que siempre temí decir pueden decirse ahora: te amo.
Suena estúpido y es un clásico: darse cuenta de lo enamorado que estás cuando hay un océano de distancia. LITERALMENTE.
Sí joder, somos gilipollas.
Con lo fácil que hubiera sido decir te quiero antes de marcharme; pero ahora tengo que conformarme con dedicarte canciones que tú haces como que no ves pero sí, ahí están. Y sí, son para ti.
Quizás tú estés haciendo lo mismo pero no me doy cuenta.
Joder es imposible que no me quieras.
Pasaste todas mis pruebas, ¿sabes?
Hice que madrugaras, te dejé plantado, llegué mil horas tarde...
Además, eres el chico perfecto para mí. Aquel quién nadie quiere.
Es patético y típico en mí.
Amores esteriotipados.
Amores platónicos.
Amores lejanos.
En realidad ni siquiera sé si es amor porque no te tengo delante.
Porque cuando te veo no me tiemblan las rodillas porque básicamente no te veo.
Me gustaría verte y decirte todas estas cosas y darte un gran beso y hacerte el amor en condiciones.
Estos días de soledad parecen más solos sin tu risa inundando mi oído.
La espera merecerá la pena.
O eso espero.
25 oct 2010
¿Adaptación?

25 de Oct, 2010
Suena Dirty Boots y Lucky en mis pulmones; y me vuelvo a sentir en casa.
Porque aunque no estéis vosotros físicamente, sé que estáis aquí conmigo.
Porque tenemos una conexión interespacial que no le importa ni el espacio ni el tiempo.
Siempre estaremos juntos.
Me encanta tu pelo rubio, sobre todo cuando se funde con el mío, y tu pelo y el mío se vuelve uno solo.
Tu pelo, el mío.
Tus piernas, las mías.
Tus labios, los míos.
En un suspiro y estamos fundidos en solo uno.
Es quizás el amor más salvaje que haya visto la ciudad, pero es nuestro amor.
Es un amor distinto que todos envidian.
Pero ante todo, es amor.
Te echo de menos.
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