26 may 2013

Son las 5 am.
De un sábado.
Estoy estudiando.

23 may 2013

Sal de ahí

Estoy harta que sigas dando vueltas en mi cabeza, quiero borrarte de una puñetera vez; no puedo tenerte, y cuando pude tenerte tú no pudiste tenerme a mí: estamos destinados a no ser nada, a desvanecernos, a ser un par de personas que se conocen y mantienen el saludo y NADA MÁS.
No quiero ser la otra, no quiero seguir pensando en ti, no quiero seguir acordándome de tu cara, de tus manos, de tu pelo, de tus orejas, joder, recuerdo bien hasta tus orejas... Me encantó acariciarlas, pero fue cosa de una vez.
Sólo una vez, pero esa puta vez no puede dejar de dar vueltas en mi cabeza. Y ya no existe nada, nada físico que pueda recordarme ese día, pero siempre está ahí, siempre estás ahí. Siempre, siempre, siempre, siempre. Me pone de los nervios ir a mi habitación e imaginarte; es terrible. Eres terrible.

Lo peor es que te llamo y me pongo tan nerviosa que no sé qué decirte... Creo que soy una imbécil, no sé si tú te enteras de lo que está pasando, pero espero que jamás lo hagas.
Debería pedirte que cortemos relaciones, pero creo que hace un mes que ya lo hicimos.
Creo que debería empezar una nueva vida, conocer más chicos, tener un hobby... Pero no puedo. Siempre está tu recuerdo en mi cabeza.

Sálvame

Sácame de aquí.
Hazme reír.
No quiero más tristeza.
Haz que me enamore de ti.
Viaja conmigo.
Llenemos cuadernos de letras.
Escríbeme...
...y te escribiré.
Salgamos, conozcamos el mundo.
Te prometo que si me haces feliz, te haré feliz.

20 may 2013

Incoherencias

Llevo todo el día pensando en ti y recién me he dado cuenta del porqué. Al principio se lo atribuí al frío, que me recuerda a cuando nos conocimos; poco después me di cuenta de lo que estaba pasando realmente... A veces me aterroriza mi capacidad de recordar fechas importantes.
Hoy he buscado desesperadamente hablar con alguien de cualquier tontería, para poder sacarte de mi cabeza, pero siempre estás ahí... Y lo peor es que cada vez que te recuerdo, viene a mi cabeza el incidente de mi habitación. Te recuerdo entre las luces, recuerdo perfectamente tu rostro, tus ojos cerrados, tus labios abiertos. Quizá porque fue la única vez que te besé, pero ahí está.
Ahora las luces se han quemado, no hay nadie en mi cama, salvo tu recuerdo. El fantasma aquella vez siempre quedará ahí, aunque haya pasado muchísimo tiempo de esto.

Sueños

Soñar contigo y despertarse


Solo

Solo

Solo.

18 may 2013

Soledad

Cuando la soledad te inunda y logras sumergirte en el mar del vacío, las palabras van fluyendo como para un pianista las notas de su pieza favorita. Sientes una extraña sensación, agridulce... Por una parte te encanta estar solo porque nadie más te conoce mejor que tú mismo, pero por otra parte, añoras arduamente los últimos abrazos que recibiste con amor de verdad y no por simple costumbre, o por rutina.
Observas a las otras personas, y desde tu punto de vista de espectador, visualizas el amor, el amor que tú desechaste porque simplemente ya no querías, porque te habías cansado de él. No lo echas de menos, pero te dices a ti mismo que la próxima vez que te estén dando amor, deberías recibirlo; y recibirlo no es solo quedarte con este, pues en el acto de amar, recibir el amor también implica dar. Por lo tanto, te anotas mentalmente que la próxima vez que alguien esté enamorado de ti, y que no te sea correspondido, deberás decírselo, en vez de intentar forzar las cosas puesto que con esto solo logras hacerle más daño a la supuesta persona.
Cuando piensas todo esto, te das cuenta que te gusta estar solo, porque quizá no sabes manejar bien las relaciones y acabas haciéndole daño a otras personas inconscientemente. ¿Vale la pena arriesgarse entonces?

13 may 2013

Bukowski siempre me ayuda cuando estoy confundida



fuera de los brazos de un amor
y ya en los brazos de otra.

me he salvado de morir en la cruz
por una dama que fuma marihuana
escribe cantos y cuentos,
y es mucho más amable que la última,
mucho mucho más amable,
y su sexo es tan bueno o mejor.

no es placentero ser puesto en la cruz y dejado ahí,
más placentero es olvidar a un amor que no
cumplió
como todo amor
finalmente
no perdura...

más placentero hacer el amor
en la playa en Del Mar
en la habitación 42 y después de todo
sentado en la cama
tomando buen vino, hablando y tocando
fumando.

escuchando las olas...

he muerto muchas veces
creyendo y esperando, esperando
en una habitación
contemplando un cielorraso agujereado
esperando la llamada, una carta, un golpecito, un sonido...


volviéndome salvaje adentro
mientras ella bailaba con extraños en clubes nocturnos...


fuera de los brazos de un amor
y ya en los brazos de otra
no es placentero morir en la cruz,
más placentero es escuchar tu nombre susurrado en
la oscuridad.



A veces siento miedo al leer que alguien ha vivido cosas tan similares a las que estoy viviendo yo. De hecho, no sé si es miedo o alivio, porque puedes basar las experiencias de otras personas para apoyarte. Pero, ¿qué es lo que pasa cuando las experiencias son de un escritor políticamente incorrecto y un poco hijo de puta? ¿yo también soy así? No sé si la estoy cagando con esto, solo me estoy dejando llevar; me gustan estas sensaciones.

10 may 2013

Tu me manques

Escuché tu voz y me alivié porque te excusaste para venir a mi casa.
(Fue un error invitarte)
Te echo de menos, pero quiero olvidarte.
Siempre me destruyes...

5 may 2013

Decisiones estúpidas

Ayer me pasé toda la tarde preguntándome a mí misma si llamarte o no... Cuando por fin decidí hacerlo, no estabas.














Soy imbécil.

27 abr 2013

Nunca creí que te echaría de menos, pero es que fue un tiempo muy intenso. Arreglarme todas las tardes para ti (aunque lo negué muchas veces) y hablar. Hablar de nuestras tonterías, de nuestros amigos en común, de vivencias añejas... La verdad es que nuestra relación era bastante melancólica; solo hablábamos de cosas del pasado...
Pero funcionábamos bien, siempre fuimos un buen equipo. Me encantaba tu risa y la manera en la que sujetabas el cigarro; de hecho la extraño mucho. Para mí siempre fuiste como un gato, porque te mostrabas tan arisco cuando yo te pedía un abrazo, pero las últimas veces siempre lo buscaste tú.
Te echo de menos, cuando paso por nuestros lugares a nuestras horas me da una sensación muy grande de melancolía, y dudo en levantar el teléfono y llamarte, pero ¿qué pasaría? Nuestro "quiebre" fue extraño, nos fuimos apagando poco a poco; pero cuando te volví a ver, sentí las mismas cosas... Eso me asustó. Pero sabes perfectamente como crear los mejores ambientes para que no pueda resistirme a ti. Nuestra especie de conexión te dice de una u otra forma qué es lo que quiero (atribuyo la pseudo-telepatía que tenemos a conexión, porque ha llegado a tal límite que dejan de ser casualidades), y eso la verdad, no sé si me gusta o me aterra.
¿Debería darte una segunda oportunidad? O mejor aún. ¿Debería darte una oportunidad? Es lógico que hay algo que nos une, pero si te soy sincera, cada vez que estoy contigo mi vida se derrumba.

13 abr 2013

Todo pasa rápido

Esta vez, te juro que haré las cosas bien. Estoy hablando como si hubiesen pasado años desde la última vez que lo intenté, pero fue solo una semana... La verdad es que el tiempo últimamente ha perdido el sentido para mí, la semana pasada la puedo mirar como si hubiesen pasado meses, las heridas sanan rápidamente, a una velocidad brutal, y bueno, es un poco extraño. Pero esta vez siento que estoy metida en el mundo que gira tan rápido; es decir, hacía tiempo que no me sentía tan inmersa en algo... Llevaba muchísimo tiempo estancada, mirando como todos se movían y yo seguía en el mismo lugar, vigilando todo minuciosamente como casi un fantasma, o un narrador en tercera persona.
Pero en fin, eso era antes, ahora las cosas han cambiado muchísimo, reacciono con una rapidez que me sorprende a mí misma, quizá es como aquel que dice que cuando uno vive lentamente, después cuando se vuelve a incorporar, la vida pasa rapidísimo para equilibrar el tiempo...

29 mar 2013

Caos

Todo el tiempo que ha pasado, todo lo que creí haber avanzado y de nuevo estoy aquí, perdida, perdídisima la verdad. Todo iba bien, recto, perfecto, hasta que llegaste y fuiste prácticamente como un torbellino en mi vida, dejaste todo patas arriba y me dejaste sin saber bien qué hacer. Tengo tantos sentimientos encontrados, la verdad es que no sé realmente qué debería hacer, estoy funcionando en piloto automático, todo esto lo estoy soñando, no lo sé. Voy en línea recta y estoy actuando con una normalidad que asusta, pero la verdad, tengo miedo. Mucho miedo, de cómo salga todo esto, de qué será de mí. Quiero limpiarme, me siento un poco mal, la verdad... Pero no tengo otra opción, ya no puedo echarme para atrás. No sé cómo lo consigues, pero en el par de horas que has estado en mi vida has logrado arrasar como un tifón... Me hace mucha gracia todo esto, pero básicamente no sé cómo reaccionar.

8 nov 2012

Es demasiado tarde

La madre nos dejaba solos; y aunque hubiera sabido lo que pasaba,
habría cerrado los ojos para no perder la más vaga posibilidad de
subir con su hija a una esfera mucho más alta.

Una noche fuí allá dispuesto a romper, con visible malhumor, por lo
mismo. Inés corrió a abrazarme, pero se detuvo, bruscamente pálida.

-Qué tienes-me dijo.

-Nada-le respondí con sonrisa forzada, acariciándole la frente. Dejó
hacer, sin prestar atención a mi mano y mirándome insistemente. Al fin
apartó los ojos contraídos y entramos.

La madre vino, pero sintiendo cielo de tormenta, estuvo sólo un
momento y desapareció.

Romper, es palabra corta y fácil; pero comenzarlo...

Nos habíamos sentado y no hablábamos. Inés se inclinó, me apartó la
mano de la cara y me clavó los ojos, dolorosos de angustioso examen.

-¡Es evidente!...-murmuró.

-Qué-le pregunté fríamente.

La tranquilidad de mi mirada le hizo más daño que mi voz, y su rostro
se demudó:

-¡Que ya no me quieres!-articuló en una desesperada y lenta
oscilación de cabeza.

-Esta es la quincuagésima vez que dices lo mismo-respondí.

No podía darse respuesta más dura; pero yo tenía ya el comienzo.

Inés me miró un rato casi como a un extraño, y apartando bruscamente
mi mano y el cigarro, su voz se rompió:

-¡Esteban!

-Qué-torné a decirle.

Esta vez bastaba. Dejó lentamente mi mano y se reclinó atrás en el
sofá, manteniendo fijo en la lámpara su rostro lívido. Pero un momento
después su cara caía de costado bajo el brazo crispado al respaldo.

Pasó un rato aún. La injusticia de mi actitud-no veía más que
injusticia-acrecentaba el profundo disgusto de mí mismo. Por eso
cuando oí, o más bien sentí, que las lágrimas salían al fin, me
levanté con un violento chasquido de lengua.

-Yo creía que no íbamos a tener más escenas-le dije paseándome.

No me respondió, y agregué:

-Pero que sea ésta la última.

Sentí que las lágrimas se detenían, y bajo ellas me respondió un
momento después:

-Como quieras.

Pero en seguida cayó sollozando sobre el sofá:

-¡Pero qué te hecho! ¡qué te he hecho!

-¡Nada!--le respondí.-Pero yo tampoco te he hecho nada a ti... Creo
que estamos en el mismo caso. Estoy harto de estas cosas!

Mi voz era seguramente mucho más dura que mis palabras. Inés se
incorporó, y sosteniéndose en el brazo del sofá, repitió, helada:

-Como quieras.

Era una despedida. Yo iba a romper, y se me adelantaban. El amor
propio, el vil amor propio tocado a vivo, me hizo responder:

-Perfectamente... Me voy. Que seas más feliz... otra vez.

No comprendió, y me miró con extrañeza. Había cometido la primer
infamia; y como en esos casos, sentí el vértigo de enlodarme más aún.

-¡Es claro!-apoyé brutalmente-porque de mí no has tenido
queja...¿no?

Es decir: te hice el honor de ser tu amante, y debes estarme
agradecida.

Comprendió más mi sonrisa que las palabras, y salí a buscar mi
sombrero en el corredor, mientras que con un ¡ah!, su cuerpo y su alma
se desplomaban en la sala.

Entonces, en ese instante en que crucé la galería, sentí intensamente
cuánto la quería y lo que acababa de hacer. Aspiración de lujo,
matrimonio encumbrado, todo me resaltó como una llaga en mi propia
alma. Y yo, que me ofrecía en subasta a las mundanas feas con fortuna,
que me ponía en venta, acababa de cometer el acto más ultrajante, con
la mujer que nos ha querido demasiado... Flaqueza en el Monte de los
Olivos, o momento vil en un hombre que no lo es, llevan al mismo fin:
ansia de sacrificio, de reconquista más alta del propio valer. Y
luego, la inmensa sed de ternura, de borrar beso tras beso las
lágrimas de la mujer adorada, cuya primera sonrisa tras la herida que
le hemos causado, es la más bella luz que pueda inundar un corazón
de hombre.

¡Y concluído! No me era posible ante mí mismo volver a tomar lo que
acababa de ultrajar de ese modo: ya no era digno de ella, ni la
merecía más. Había enlodado en un segundo el amor más puro que hombre
alguno haya sentido sobre sí, y acababa de perder con Inés la
irreencontrable felicidad de poseer a quien nos ama entrañablemente.

Desesperado, humillado, crucé por delante de la puerta, y la vi echada
en el sofá, sollozando el alma entera sobre sus brazos. ¡Inés!
¡Perdida ya! Sentí más honda mi miseria ante su cuerpo, todo amor,
sacudido por los sollozos de su dicha muerta. Sin darme cuenta casi,
me detuve.

-¡Inés!-llamé.

Mi voz no era ya la de antes. Y ella debió notarlo bien, porque su
alma sintió, en aumento de sollozos, el desesperado llamado que le
hacía mi amor, esta vez sí, inmenso amor!

-No, no...-me respondió.-¡Es demasiado tarde!

* * * * *
Padilla se detuvo. Pocas veces he visto amargura más agotada y
tranquila que la de sus ojos cuando concluyó. Por mi parte, no podían
apartar de los míos aquella adorable belleza del palco, sollozando
sobre el sofá...

-Me creerá-reanudó Padilla-si le digo que en mis muchos insomnios
de soltero descontento de sí mismo, la tuve así ante mí... Salí de
Buenos Aires sin ver casi a nadie, y menos a mi flirt de gran
fortuna... Volví a los ocho años, y supe entonces que se había
casado, a los seis meses de haberme ido yo. Torné a alejarme, y hace
un mes regresé, bien tranquilizado ya, y en paz.

No había vuelto a verla. Era para mí como un primer amor, con todo el
encanto dignificante que un idilio virginal tiene para el hombre
hecho, que después amó cien veces... Si usted es querido alguna vez
como yo lo fuí, y ultraja como yo lo hice, comprenderá toda la pureza
viril que hay en mi recuerdo.

Hasta que una noche tropecé con ella. Sí, esa misma noche en el
teatro... Comprendí, al ver a su marido de opulenta fortuna, que se
había precipitado en el matrimonio, como yo al Ucayali... Pero al
verla otra vez, a veinte metros de mí, mirándome, sentí que en mi
alma, dormida en paz, surgía sangrando la desolación de haberla
perdido, como si no hubiera pasado un solo día de esos diez años.
¡Inés! Su hermosura, su mirada, única entre todas las mujeres, habían
sido mías bien mías, porque me habían sido entregadas con
adoración--también apreciará usted esto algún día.

Hice lo humanamente posible para olvidar, me rompí las muelas tratando
de concentrar todo mi pensamiento en la escena. Pero la prodigiosa
partitura de Wagner, ese grito de pasión enfermante, encendió en llama
viva lo que quería olvidar. En el segundo o tercer acto no pude más y
volví la cabeza. Ella también sufría la sugestión de Wagner, y me
miraba. ¡Inés, mi vida! Durante medio minuto su boca, sus manos,
estuvieron bajo mi boca, mis ojos, y durante ese tiempo ella concentró
en su palidez la sensación de esa dicha muerta hacia diez años. ¡Y
Tristán siempre, sus alaridos de pasión sobrehumana, sobre nuestra
felicidad yerta!

Salí entonces, atravesé las butacas como un sonámbulo, aproximándome a
ella sin verla, sin que me viera, como si durante diez años no hubiera
yo sido un miserable...

Y como diez años atrás, sufrí la alucinación de que llevaba mi
sombrero en la mano e iba a pasar delante de ella.

Pasé, la puerta del palco estaba abierta, y me detuve enloquecido.
Como diez antes sobre el sofá, ella, Inés, tendida en el diván del
antepalco, sollozaba la pasión de Wagner y su dicha deshecha.

¡Inés!... Sentí que el destino me colocaba en un momento decisivo.
¡Diez años!... ¿Pero habían pasado? ¡No, no, Inés mía!

Y como entonces, al ver su cuerpo todo amor, sacudido por los
sollozos, murmuré:

-¡Inés!

Y como diez años antes, los sollozos redoblaron, y como entonces me
respondió bajo sus brazos:

-No, no...¡Es demasiado tarde!...

16 mar 2012

Noche

Tengo frío y sueño y mi amor está lejos como para darme cariño y calor.
Si él supiese cuánto extraño sus caricias y su voz dulce en mi oído. Su risa, tan armoniosa. Sus manos, que son capaces de darme escalofríos mientras me dan calor.
No puedo creer que hoy esto sea realidad.
No puedo creer lo lejos que estoy del punto de partida.
Aún no creo que esté tan lejos de mi casa.
Solo sé que tengo frío y sueño, y ya no tengo hogar.
¿Debería estar triste? Porque ahora es imposible para mí.

12 mar 2012

Weekend

Weekends are never fun unless you're around here too...